VAR en el Mundial 2026: el problema no es la tecnología

La tecnología del VAR es casi perfecta, pero las decisiones arbitrales siguen siendo humanas y controvertidas. ¿Qué significa esto para Perú y el fútbol sudamericano en el Mundial 2026?

VAR en el Mundial 2026: el problema no es la tecnología

VAR en el Mundial 2026: cuando la tecnología no es el verdadero problema

Con el Mundial 2026 en el horizonte, el debate sobre el Video Assistant Referee (VAR) ha vuelto a encenderse con fuerza. Pero esta vez, el argumento central ha cambiado de dirección: ya no se trata de si la tecnología funciona o no —porque técnicamente lo hace con una precisión notable— sino de quién tiene la potestad de interpretar lo que esa tecnología muestra. Y esa distinción es fundamental para entender por qué los aficionados, entrenadores y federaciones siguen desconfiando del sistema.

Según el análisis publicado por Wired, el verdadero nudo del problema está en la cadena de decisiones humanas que rodea al VAR. Los árbitros de sala, los protocolos de intervención y los criterios subjetivos como «interferencia en el juego» o «intención en el uso del brazo» siguen siendo interpretaciones que varían según el árbitro, la confederación y hasta el partido en cuestión. La tecnología captura el momento con milimétrica exactitud, pero la decisión final sigue dependiendo de una lectura humana cargada de criterios culturales, presiones institucionales y, en algunos casos, inconsistencias inexplicables.

El impacto en el fútbol sudamericano y peruano

Para Perú, este debate no es abstracto. La selección peruana ha vivido en carne propia las consecuencias de decisiones arbitrales polémicas en competencias internacionales, desde la Copa América hasta las Eliminatorias Sudamericanas. El VAR ha sido en algunos casos un aliado —corrigiendo goles en offside o penales inexistentes— pero en otros ha generado mayor frustración al revelar que incluso con imágenes claras, la interpretación puede ir en contra del equipo nacional.

La CONMEBOL, a diferencia de la UEFA, ha tenido una relación más turbulenta con la implementación del VAR. Las diferencias en capacitación arbitral, la menor inversión en infraestructura tecnológica y la histórica percepción de parcialidad en el arbitraje sudamericano han hecho que la confianza en el sistema sea frágil. Cuando el VAR confirma una decisión polémica en lugar de corregirla, la desconfianza no se dirige a la cámara o al software, sino a la persona que está detrás del monitor decidiendo si intervenir o no.

En el contexto del Mundial 2026, que se jugará en Estados Unidos, Canadá y México, la FIFA ha prometido mayor uniformidad en los criterios de aplicación del VAR. Sin embargo, los escépticos señalan que esta promesa se ha hecho antes y que sin una estandarización real de los protocolos de interpretación —y no solo de la tecnología— los problemas persistirán. La pregunta clave es: ¿quién supervisa a los supervisores del VAR?

Transparencia y gobernanza: la deuda pendiente

Uno de los puntos más importantes que levanta el análisis de Wired es la falta de transparencia en el proceso de toma de decisiones del VAR. A diferencia de otros deportes como el tenis o el rugby, donde las decisiones tecnológicas se comunican de forma clara al público en tiempo real, el fútbol mantiene deliberadamente opacas las conversaciones entre el árbitro en cancha y la sala del VAR. Esta opacidad alimenta la desconfianza y da espacio a las teorías conspirativas que tanto daño hacen a la credibilidad del juego.

Para una audiencia peruana que sigue con pasión tanto a la selección nacional como a los clubes locales, este debate tiene una dimensión adicional: la Liga 1 peruana también utiliza el VAR desde hace algunos años, y las quejas sobre su aplicación inconsistente son una constante en el análisis del fútbol local. Mejorar la formación de los árbitros peruanos en el uso e interpretación del VAR no solo beneficiaría a la liga doméstica, sino que prepararía mejor al país para competir y arbitrar en escenarios internacionales.

En conclusión, el VAR en el Mundial 2026 seguirá siendo un tema de debate no porque la tecnología falle, sino porque la gobernanza del fútbol aún no ha resuelto cómo estandarizar, transparentar y hacer responsable el proceso humano de interpretación. Hasta que eso no cambie, cada decisión polémica seguirá generando la misma pregunta: ¿a quién culpamos, a la cámara o a quien la usa?