Nueva York pone pausa a la fiebre digital: ¿qué significa para el mundo y para Perú?
En un movimiento sin precedentes en los Estados Unidos, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, firmó oficialmente la primera moratoria estatal sobre la construcción de nuevos centros de datos. La medida congela temporalmente el desarrollo de estas infraestructuras tecnológicas debido a su extraordinario consumo de electricidad, que amenaza con colapsar la red energética del estado y comprometer los compromisos climáticos asumidos por Nueva York bajo la Ley de Liderazgo Climático y Protección Comunitaria (CLCPA).
Los centros de datos modernos, impulsados en gran parte por la explosión de la inteligencia artificial, el almacenamiento en la nube y el procesamiento masivo de datos, consumen cantidades astronómicas de energía. Se estima que un solo centro de datos de gran escala puede consumir tanta electricidad como una pequeña ciudad. Nueva York, que alberga decenas de estas instalaciones, vio cómo las proyecciones de demanda energética se disparaban a niveles insostenibles para su infraestructura actual, especialmente cuando el estado busca migrar hacia fuentes renovables.
El contexto global: la IA como devoradora de energía
Esta decisión no ocurre en el vacío. A nivel mundial, la proliferación de servicios de inteligencia artificial —desde ChatGPT hasta los sistemas de reconocimiento facial y los motores de recomendación— ha multiplicado exponencialmente la necesidad de centros de datos. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el consumo energético global de los centros de datos podría duplicarse para 2026. Países como Irlanda, los Países Bajos y Singapur ya habían tomado medidas similares a nivel local o regional, pero Nueva York marca un hito al ser el primer estado de EE.UU. en implementar una moratoria a escala estatal.
La medida no implica que Nueva York renuncie a la tecnología ni a la industria digital. Más bien, establece un período de evaluación durante el cual las autoridades deberán desarrollar regulaciones más robustas que obliguen a los nuevos centros de datos a operar con energías renovables, a gestionar eficientemente el calor generado y a demostrar que no sobrecargarán la red eléctrica local. Es, en esencia, una pausa para repensar el modelo de crecimiento tecnológico sin control.
¿Qué tiene que ver esto con Perú?
A primera vista, la moratoria en Nueva York podría parecer un asunto lejano para el Perú. Sin embargo, el país andino está en pleno proceso de atracción de inversiones en infraestructura digital. Lima se ha consolidado como uno de los principales hubs de conectividad en Sudamérica, con varios centros de datos de escala internacional operando en la capital, y proyectos de expansión en desarrollo. Empresas como Equinix, Entel y operadores locales han apostado por el país gracias a su posición geográfica estratégica, la estabilidad relativa de su red eléctrica y los costos competitivos.
Sin embargo, Perú enfrenta desafíos estructurales que hacen aún más urgente aprender de lo que ocurre en Nueva York. La red eléctrica nacional, aunque ha mejorado significativamente, aún presenta vulnerabilidades en distribución y tiene una matriz energética que, si bien incluye hidroeléctricas, también depende de fuentes fósiles. Un crecimiento desordenado de centros de datos podría generar presiones no planificadas sobre el sistema eléctrico, especialmente en un contexto donde la demanda residencial e industrial también crece.
Además, el Perú carece aún de una regulación específica y moderna para centros de datos que contemple criterios de eficiencia energética, uso de energías renovables o límites de consumo. El Ministerio de Energía y Minas (Minem) y el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin) tendrían un rol clave en desarrollar este marco normativo antes de que la demanda supere la capacidad de respuesta del Estado.
Puntos clave para el debate peruano
La experiencia de Nueva York ofrece al menos tres lecciones concretas para Perú. Primero, la regulación debe anticiparse al crecimiento, no reaccionar ante él. Esperar a que los centros de datos saturen la red eléctrica antes de actuar sería un error costoso. Segundo, la sostenibilidad energética debe ser un criterio de admisión para nuevas inversiones tecnológicas, no un requisito opcional. Los incentivos fiscales para proyectos que incorporen energías renovables podrían ser un mecanismo efectivo. Tercero, la planificación urbana y territorial debe incorporar a los centros de datos como infraestructura crítica, con consideraciones sobre el uso del agua para refrigeración, el impacto en las redes locales y la generación de empleo calificado.
La moratoria de Nueva York es, en definitiva, una señal de alarma global: el crecimiento digital tiene un costo energético real y tangible. Para Perú, que aún está construyendo su ecosistema digital, esta es una oportunidad única para diseñar políticas inteligentes que atraigan inversión tecnológica sin hipotecar la sostenibilidad energética del país. La pregunta no es si Perú necesita más centros de datos —claramente los necesita— sino bajo qué condiciones y con qué garantías para el sistema eléctrico nacional y el medio ambiente.