Microsoft admite aumento del 25% en sus emisiones de carbono

La empresa que prometió ser carbono negativa para 2030 reporta su peor dato ambiental en años. La inteligencia artificial tiene un costo ambiental que nadie quiere pagar, y Perú podría sentirlo más que nadie.

Microsoft admite aumento del 25% en sus emisiones de carbono

La promesa verde de Microsoft se choca con la realidad de la inteligencia artificial

Microsoft, una de las corporaciones tecnológicas más poderosas del mundo, acaba de publicar su reporte ambiental anual y los números son contundentes: sus emisiones de carbono se incrementaron en un 25% respecto a años anteriores. Esta cifra no solo representa un retroceso significativo en sus compromisos climáticos, sino que expone una contradicción profunda en el corazón del sector tecnológico global: la carrera por liderar la inteligencia artificial tiene un costo ambiental enorme que las grandes empresas aún no saben cómo resolver.

El origen del problema es claro. Microsoft ha invertido decenas de miles de millones de dólares en expandir su infraestructura de centros de datos para soportar productos como Azure, Copilot y su alianza estratégica con OpenAI, creadora de ChatGPT. Estos centros de datos consumen cantidades astronómicas de energía eléctrica y agua para refrigeración. Según datos de la propia compañía, el consumo energético de sus operaciones globales creció de forma acelerada desde 2023, cuando la fiebre por la IA generativa comenzó a transformar la industria tecnológica.

Lo paradójico es que en 2020, el CEO Satya Nadella anunció con fanfarria que Microsoft se volvería carbono negativa para el año 2030, es decir, que eliminaría más carbono del que produce. Hoy, a mitad de camino hacia esa fecha, la empresa va en dirección exactamente opuesta. El reporte reconoce que el aumento se debe principalmente a la construcción y operación de nueva infraestructura tecnológica, y que aún dependen en parte de energías no renovables en muchas regiones donde operan.

¿Por qué esto importa en el Perú?

Para los peruanos, esta noticia no es un asunto lejano ni abstracto. Perú es uno de los países más vulnerables al cambio climático en América Latina, según el Banco Mundial y el propio Ministerio del Ambiente del Perú (MINAM). Los glaciares tropicales de los Andes, que abastecen de agua dulce a millones de peruanos, se están derritiendo a una velocidad alarmante. La Cordillera Blanca ha perdido más del 50% de su masa glaciar en los últimos 50 años. Cada tonelada adicional de CO2 que corporaciones como Microsoft emiten acelera este proceso.

Además, el Perú alberga una porción significativa de la Amazonía, uno de los mayores sumideros de carbono del planeta. Las negociaciones internacionales sobre créditos de carbono y financiamiento climático dependen directamente de que las grandes corporaciones cumplan sus compromisos de reducción de emisiones. Cuando empresas del tamaño de Microsoft incumplen sus metas, debilitan los marcos regulatorios internacionales y reducen los incentivos económicos para proteger los bosques amazónicos peruanos.

En el plano empresarial local, este caso también es una advertencia. El Perú está en plena fase de adopción de servicios en la nube y herramientas de inteligencia artificial en sectores como minería, banca y comercio electrónico. Las empresas peruanas que utilizan servicios de Microsoft Azure o sus herramientas de IA son, indirectamente, parte de esta cadena de emisiones. En un contexto donde la regulación ESG (ambiental, social y de gobernanza) avanza globalmente, las empresas peruanas con operaciones o financiamiento internacional deberán empezar a reportar su huella de carbono indirecta, incluyendo el uso de servicios digitales.

¿Puede la tecnología salvarse a sí misma?

Microsoft argumenta que está invirtiendo fuertemente en energía nuclear de nueva generación, energía solar y eólica, y en tecnologías experimentales de captura de carbono. La empresa firmó acuerdos para comprar energía de reactores nucleares de pequeña escala (SMR) y ha anunciado proyectos de reforestación en varios continentes. Sin embargo, los críticos señalan que estas soluciones están demasiado lejos en el horizonte temporal como para compensar el daño presente.

El caso de Microsoft debe leerse como un síntoma de una industria entera. Google, Amazon y Meta enfrentan desafíos similares. La inteligencia artificial no es gratis: cada consulta a un modelo de lenguaje como GPT-4 consume aproximadamente 10 veces más energía que una búsqueda web convencional. A medida que estos servicios se masifican, el impacto ambiental se multiplica exponencialmente.

Para el Perú, la lección es doble: exigir que las plataformas tecnológicas que operan en el país rindan cuentas ambientales transparentes, y aprovechar la oportunidad de posicionarse como un hub de datos sostenible en la región, aprovechando su potencial en energías renovables como la hidroeléctrica y la solar en el sur del país. La transición digital y la transición energética deben ir de la mano, o una terminará destruyendo a la otra.