La batalla contra los centros de datos de IA apenas comienza

Millones de litros de agua, gigavatios de electricidad y tierras agrícolas sacrificadas: la infraestructura que alimenta la inteligencia artificial está generando una resistencia ciudadana sin precedentes. ¿Qué nos dice esto sobre el futuro digital del Perú?

La batalla contra los centros de datos de IA apenas comienza

El costo invisible de la inteligencia artificial: comunidades al límite

Cuando usamos ChatGPT, generamos una imagen con Midjourney o le pedimos a un asistente virtual que redacte un correo, pocas veces pensamos en lo que ocurre detrás de la pantalla. Esa 'magia digital' tiene un costo físico, territorial y ambiental enorme: los centros de datos de inteligencia artificial. Y según reporta The Verge, las comunidades que los albergan están empezando a decir basta.

En estados como Virginia, Texas, Georgia e Iowa en los Estados Unidos, vecinos, agricultores y activistas han comenzado a organizarse para frenar la construcción de estas megaestructuras digitales. Las razones son concretas: un solo centro de datos de gran escala puede consumir entre 3 y 5 millones de litros de agua al día para refrigeración, además de demandar cantidades de energía equivalentes a las de ciudades enteras. En zonas donde el agua ya escasea o donde la red eléctrica es frágil, la llegada de estas instalaciones no se percibe como progreso, sino como despojo.

¿Qué está en juego realmente?

El debate va más allá del medioambiente. Está en juego quién decide cómo se usa el territorio, el agua y la energía de una región. Las grandes tecnológicas —Microsoft, Google, Amazon, Meta— están invirtiendo cientos de miles de millones de dólares en expandir su infraestructura de IA a nivel global. Pero esa inversión rara vez consulta a las poblaciones locales ni distribuye equitativamente sus beneficios. Los empleos que generan son escasos (un centro de datos moderno puede operar con apenas decenas de trabajadores), mientras que el impacto sobre los recursos naturales es masivo y permanente.

Además, existe una paradoja energética preocupante: en un momento en que el mundo busca descarbonizarse, la explosión de la demanda energética por IA está reactivando plantas de carbón y gas en algunos estados de EE.UU., revirtiendo avances en sostenibilidad logrados durante años. Organismos como el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley han advertido que el consumo eléctrico de los centros de datos en ese país podría duplicarse para 2030.

El contexto peruano: una advertencia temprana

Para el Perú, este fenómeno global ofrece lecciones urgentes. Nuestro país está en una etapa de expansión de su infraestructura digital, con proyectos de data centers creciendo en Lima y algunas regiones. Empresas como Equinix, Cirion y operadores locales están aumentando su presencia, y el Estado promueve la digitalización como eje de desarrollo. Sin embargo, este crecimiento ocurre en un contexto de alta vulnerabilidad hídrica —somos uno de los países más expuestos al estrés hídrico en América Latina según el WRI— y con una matriz energética aún dependiente de fuentes no renovables en varias regiones.

La pregunta que debemos hacernos como sociedad es: ¿bajo qué condiciones queremos ser parte de la cadena de infraestructura de la IA global? ¿Estamos dispuestos a ceder recursos hídricos en zonas como Ica, Arequipa o la costa norte —ya golpeadas por la escasez— para refrigerar servidores que procesan datos de usuarios en otros continentes? ¿Qué marcos regulatorios necesitamos antes de que la expansión sea irreversible?

Puntos clave para tener en cuenta

1. La resistencia ciudadana es legítima y organizada: No se trata de grupos antitecnología, sino de comunidades que exigen transparencia, participación y compensación justa. Este modelo de activismo puede y debe replicarse en el Perú antes de que los proyectos lleguen sin consulta previa.

2. La regulación va detrás de la tecnología: En la mayoría de países, incluyendo el Perú, no existen normas específicas que obliguen a los centros de datos a reportar su consumo hídrico o energético, ni a compensar a las comunidades afectadas. Llenar ese vacío legal es urgente.

3. La IA tiene una huella de carbono y agua: Cada interacción con modelos de lenguaje grande consume recursos. La conciencia sobre esto debe crecer entre usuarios, empresas y tomadores de decisión peruanos.

4. Hay alternativas más sostenibles: Algunos países están apostando por centros de datos alimentados con energía renovable, ubicados en zonas frías que reducen la necesidad de refrigeración artificial, o con tecnologías de reciclaje de calor. Perú podría establecer estándares desde ahora para atraer solo inversión responsable.

La lucha contra los centros de datos de IA no es una batalla contra la tecnología. Es una disputa sobre quién paga el precio del progreso digital y quién se beneficia de él. En el Perú, aún estamos a tiempo de participar en esa conversación antes de que las decisiones se tomen sin nosotros.