Humo de incendios en Canadá tiñe de naranja el este de EE.UU.

Millones de personas en Nueva York, Washington y otras ciudades despertaron bajo un cielo de color naranja enfermizo. Lo que ocurrió en Canadá nos recuerda que los incendios forestales ya no son un problema local, sino una amenaza global que también debe preocupar al Perú.

Humo de incendios en Canadá tiñe de naranja el este de EE.UU.

El humo que cruzó fronteras: cuando los incendios de Canadá oscurecieron Nueva York

En junio de 2023, habitantes de Nueva York, Filadelfia, Washington D.C. y decenas de ciudades del noreste de los Estados Unidos vivieron una experiencia perturbadora: el cielo se tornó de un color naranja enfermizo, la visibilidad se redujo drásticamente y el olor a humo impregnó cada rincón. La causa no estaba en su propio territorio, sino a miles de kilómetros de distancia, en las vastas provincias canadienses de Quebec y Ontario, donde cientos de incendios forestales ardían simultáneamente fuera de control.

Según reportó Wired, la calidad del aire en ciudades como Nueva York llegó a niveles considerados los peores en décadas, superando incluso a ciudades históricamente contaminadas como Los Ángeles. Las autoridades emitieron alertas de salud pública, recomendando a millones de personas permanecer en interiores, usar mascarillas N95 y evitar cualquier actividad física al aire libre. Vuelos fueron cancelados o retrasados, eventos deportivos suspendidos y escuelas cerraron sus puertas. Una ciudad que nunca duerme, literalmente, se detuvo.

¿Por qué los incendios de Canadá fueron tan devastadores?

El año 2023 fue históricamente catastrófico para Canadá en términos de incendios forestales. Más de 10 millones de hectáreas ardieron a lo largo del país, superando todos los récords históricos. Los expertos señalan una combinación de factores: inviernos más cálidos que reducen la nieve acumulada, primaveras más secas que dejan la vegetación sin la humedad necesaria, y veranos con temperaturas récord que convierten los bosques en auténticas yescas. Todo ello está directamente vinculado al cambio climático, que intensifica los ciclos de sequía y calor extremo en las regiones boreales.

Las corrientes de viento en altura, conocidas como la corriente en chorro o jet stream, transportaron las partículas finas de humo (PM2.5) desde Canadá hacia el sur y el este, cubriendo en cuestión de horas territorios habitados por más de 100 millones de personas. Esto evidencia algo que los científicos llevan años advirtiendo: los efectos de los desastres ambientales no respetan fronteras políticas ni geográficas.

¿Qué tiene que ver esto con el Perú?

A primera vista, un incendio en Canadá podría parecer un asunto lejano para los peruanos. Sin embargo, el evento es un espejo en el que debemos mirarnos con urgencia. El Perú enfrenta cada año una temporada de incendios forestales que afecta principalmente a la Amazonía, los bosques andinos y las zonas de transición entre ambos ecosistemas. Regiones como Ucayali, Madre de Dios, San Martín, Cusco y Puno registran anualmente miles de focos de calor, muchos de ellos provocados intencionalmente para ampliar la frontera agrícola o ganadera.

Según datos del SERNANP y del MINAM, el Perú pierde cada año decenas de miles de hectáreas de cobertura vegetal por incendios, muchos de los cuales afectan áreas naturales protegidas y territorios indígenas. La diferencia con Canadá es que allá los incendios son mayormente naturales, exacerbados por el clima; en el Perú, la mayoría son provocados por actividades humanas como la quema agrícola, la minería ilegal y la deforestación. Esto hace que la solución en nuestro país requiera no solo tecnología y recursos, sino también transformaciones sociales y económicas profundas.

El impacto en la salud: una lección urgente

El humo de los incendios contiene partículas finas (PM2.5) y compuestos químicos altamente nocivos que penetran profundamente en los pulmones y pueden ingresar al torrente sanguíneo. La exposición prolongada está asociada con enfermedades respiratorias, cardiovasculares, y en poblaciones vulnerables como niños, adultos mayores y personas con enfermedades previas, puede ser fatal. En el Perú, las comunidades amazónicas que conviven con el humo de las quemas durante meses enfrentan este riesgo de forma silenciosa y sin la cobertura mediática que recibió Nueva York.

El evento en Estados Unidos generó una respuesta inmediata del gobierno, los medios y la ciudadanía precisamente porque afectó a una megalópolis visible ante el mundo. En Perú, comunidades enteras respiran aire contaminado durante semanas sin que el tema alcance la agenda nacional. Este contraste revela una inequidad ambiental profunda que merece atención.

Conclusión: un planeta interconectado exige políticas globales y locales

Lo ocurrido en el noreste de Estados Unidos es una advertencia planetaria. Los incendios forestales, amplificados por el cambio climático, tienen consecuencias que trascienden continentes. Para el Perú, el mensaje es claro: proteger nuestros bosques no es solo una obligación ambiental, es una responsabilidad sanitaria, económica y humanitaria. Fortalecer los sistemas de alerta temprana, sancionar con firmeza la quema ilegal y apoyar a las comunidades locales como guardianes del bosque son pasos que no pueden seguir postergándose.