Flock Safety: entre la seguridad pública y el debate sobre privacidad
Flock Safety, una empresa estadounidense especializada en sistemas de vigilancia automatizada mediante cámaras de lectura de placas vehiculares (LPR, por sus siglas en inglés), se encuentra en el centro de una polémica que trasciende sus fronteras. La compañía envió cartas legales de cese y desista a individuos y organizaciones que debatían públicamente sus prácticas de recopilación de datos, lo que encendió las alarmas entre defensores de la privacidad y la libertad de expresión en todo el mundo.
Según reportó The Verge, Flock Safety sostiene que dichas cartas no constituyen una amenaza contra quienes debaten el tema de la vigilancia, sino que responden a señalamientos que consideran falsos o difamatorios. Sin embargo, la acción legal en sí misma generó un efecto silenciador —conocido en inglés como chilling effect— entre críticos, activistas y periodistas que cubren el tema de la vigilancia masiva. Este fenómeno ocurre cuando la simple amenaza de consecuencias legales inhibe el ejercicio legítimo de la libertad de expresión, sin necesidad de llegar a un juicio.
¿Qué hace exactamente Flock Safety?
Flock Safety opera una red de cámaras inteligentes instaladas en ciudades, urbanizaciones privadas y autopistas de Estados Unidos. Estas cámaras capturan automáticamente las placas de todos los vehículos que transitan frente a ellas, registrando hora, fecha, ubicación y características del automóvil. Esa información se almacena en una base de datos accesible para departamentos de policía y, en algunos casos, para administraciones de condominios privados. La empresa asegura que su tecnología ha contribuido a resolver miles de crímenes, incluyendo robos y homicidios.
Sin embargo, organizaciones como la ACLU (Unión Americana de Libertades Civiles) han señalado que este tipo de vigilancia masiva crea registros permanentes de los movimientos de ciudadanos inocentes, sin su consentimiento y sin supervisión judicial adecuada. El debate no es menor: ¿hasta qué punto el Estado y las empresas privadas pueden monitorear nuestros desplazamientos en nombre de la seguridad?
El contexto peruano: vigilancia sin marcos claros
Este caso tiene una resonancia particular para el Perú. En los últimos años, municipios como Lima, Miraflores, San Isidro y La Molina han invertido de manera significativa en sistemas de videovigilancia y cámaras de reconocimiento de placas. Empresas privadas de seguridad también han proliferado con tecnologías similares a las de Flock Safety, muchas veces instaladas en condominios y urbanizaciones cerradas.
El problema radica en que el Perú carece de una legislación robusta y actualizada en materia de protección de datos personales aplicada específicamente a la vigilancia pública. La Ley N.º 29733, Ley de Protección de Datos Personales, establece principios generales, pero su aplicación a sistemas de vigilancia masiva con inteligencia artificial es aún incipiente y poco fiscalizada. Esto significa que los datos de millones de ciudadanos peruanos pueden estar siendo recopilados, almacenados y compartidos sin los controles necesarios.
Puntos clave del debate global que Perú debe atender
El caso Flock Safety nos recuerda varias lecciones importantes. Primero, la transparencia corporativa es fundamental: las empresas que operan sistemas de vigilancia deben explicar claramente qué datos recopilan, por cuánto tiempo los guardan y con quién los comparten. Segundo, el debate público sobre vigilancia es legítimo y necesario, y cualquier intento de silenciarlo mediante presión legal debe ser cuestionado. Tercero, los marcos regulatorios deben evolucionar al mismo ritmo que la tecnología, algo en lo que el Perú tiene una deuda pendiente.
Para los ciudadanos peruanos, especialmente en zonas urbanas donde la videovigilancia es creciente, es importante exigir a las autoridades locales y nacionales que informen sobre los sistemas tecnológicos que utilizan, los contratos que firman con empresas privadas y las garantías que ofrecen para proteger la privacidad. La seguridad y la privacidad no son objetivos opuestos: con regulación adecuada, pueden coexistir.
En conclusión, el caso Flock Safety no es solo una disputa legal estadounidense. Es un espejo que refleja tensiones universales entre tecnología, poder, seguridad y derechos individuales. Perú haría bien en observar este debate con atención y anticiparse a legislar antes de que la vigilancia masiva se convierta en un hecho consumado sin control democrático.