La FCC de Trump desregula la propiedad de medios masivos en Estados Unidos
Brendan Carr, designado por el presidente Donald Trump como nuevo presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), está impulsando una de las transformaciones más radicales en la regulación mediática estadounidense en décadas: eliminar o flexibilizar drásticamente los límites que impiden a grandes corporaciones acumular estaciones de televisión y radio en un mismo mercado. Esta decisión podría rediseñar por completo el ecosistema informativo del país más influyente del mundo.
Históricamente, la FCC estableció reglas de propiedad para evitar que un solo grupo empresarial controlara múltiples frecuencias en una misma ciudad o región, bajo el principio de que la diversidad de voces en el espectro radioeléctrico —un bien público— es fundamental para la democracia. Sin embargo, Carr argumenta que estas restricciones son anacrónicas en la era del streaming, YouTube y las redes sociales, y que impiden a las cadenas tradicionales competir en un mercado fragmentado.
¿Quiénes se benefician realmente?
Los grandes ganadores de esta desregulación serían conglomerados mediáticos como Nexstar, Sinclair Broadcast Group y iHeartMedia, empresas que ya controlan cientos de estaciones en todo el país y que han presionado durante años para que se levanten estas restricciones. Críticos como el senador demócrata Ed Markey advierten que permitir una mayor concentración no fortalecerá el periodismo local, sino que lo destruirá: las grandes cadenas suelen reemplazar equipos locales con contenido centralizado producido desde sus sedes nacionales, eliminando la cobertura de noticias cercanas a las comunidades.
El debate no es menor. Estudios del Pew Research Center han documentado que el periodismo local en EE.UU. ya se encuentra en una crisis severa, con cientos de periódicos y estaciones cerradas en la última década. Permitir que gigantes corporativos absorban aún más emisoras podría acelerar este proceso bajo la apariencia de una «rescate» del sector.
Contexto para el Perú: una lección que ya conocemos
Para la audiencia peruana, este debate no es ajeno. El Perú tiene una de las estructuras mediáticas más concentradas de América Latina. Grupos como el Grupo El Comercio —que en su momento llegó a controlar más del 70% de la prensa escrita de circulación nacional— han sido señalados repetidamente por organismos como la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH como ejemplos de concentración mediática que afectan el pluralismo informativo.
Lo que ocurra en EE.UU. con la FCC importa por varias razones. Primero, porque las tendencias regulatorias del norte global suelen ser adoptadas —o usadas como argumento— por gobiernos y lobbies locales para justificar sus propias desregulaciones. Segundo, porque los grandes grupos mediáticos latinoamericanos observan con atención estas decisiones para replicar estrategias de expansión. Tercero, porque en un mundo donde el contenido estadounidense domina plataformas digitales, la concentración de la narrativa mediática en EE.UU. afecta indirectamente la información que consume el mundo entero.
Puntos clave a seguir
Este proceso aún no está concluido. La FCC debe seguir un proceso formal de consulta pública antes de modificar sus reglas, y es probable que enfrente impugnaciones legales. Organizaciones como Free Press y el Electronic Frontier Foundation ya han anunciado que combatirán estas medidas. El resultado final definirá si el espectro radioeléctrico sigue siendo un bien común al servicio de la diversidad o si se convierte en un activo más al servicio de la concentración corporativa. Una batalla que, en distintas formas, también se libra en el Perú.