El Niño destruye las pesquerías del Pacífico

Las aguas más cálidas del Pacífico están colapsando ecosistemas marinos enteros. Para Perú, uno de los mayores productores pesqueros del mundo, las consecuencias económicas y sociales podrían ser históricas.

El Niño destruye las pesquerías del Pacífico

El Niño 2023-2024: Una amenaza directa para la pesca peruana

El fenómeno climático conocido como El Niño está demostrando, una vez más, su capacidad para transformar radicalmente los ecosistemas marinos del Pacífico. Según reportes recientes de Wired y organismos oceanográficos internacionales, las temperaturas superficiales del océano han superado en varios grados los promedios históricos, generando un efecto dominó que afecta desde el fitoplancton hasta las especies de mayor valor comercial. Para Perú, este escenario no es nuevo, pero su intensidad actual lo convierte en uno de los episodios más críticos de las últimas décadas.

El mecanismo detrás del caos es relativamente claro: cuando las aguas superficiales del Pacífico tropical se calientan de manera anormal, se interrumpe el proceso de surgencia o afloramiento costero. Este proceso es el motor biológico que hace del mar peruano uno de los más productivos del planeta. Las corrientes frías que normalmente ascienden desde las profundidades traen consigo nutrientes esenciales como nitratos y fosfatos, que alimentan al fitoplancton, base de toda la cadena trófica marina. Sin ese mecanismo funcionando correctamente, la productividad biológica colapsa en cascada.

Las consecuencias para la anchoveta peruana —especie clave tanto para la industria de harina de pescado como para la cadena alimentaria marina— son especialmente graves. La anchoveta es extremadamente sensible a los cambios de temperatura y salinidad. Durante eventos de El Niño intensos, como el de 1982-1983 o el devastador de 1997-1998, las poblaciones de anchoveta colapsaron drásticamente, llevando a la quiebra a cientos de empresas pesqueras y dejando sin empleo a decenas de miles de trabajadores a lo largo del litoral peruano. Los indicios actuales sugieren que este nuevo episodio podría seguir un patrón similar.

Más allá de la anchoveta, especies como el jurel, la caballa, el perico y diversos recursos bentónicos también están migrando hacia aguas más frías y profundas, alejándose de las zonas de pesca tradicionales. Los pescadores artesanales, que representan la columna vertebral de las comunidades costeras desde Tumbes hasta Tacna, son los más vulnerables ante este desplazamiento. A diferencia de las grandes empresas industriales, estos pescadores carecen de la tecnología y el capital necesarios para adaptarse rápidamente a los cambios en la distribución de las especies.

Desde el punto de vista económico, el impacto puede medirse en cifras contundentes. Perú es históricamente el segundo o tercer productor mundial de harina de pescado, un producto de exportación estratégico que genera cientos de millones de dólares al año. Una reducción significativa en las capturas de anchoveta no solo afecta a las empresas procesadoras, sino que tiene efectos multiplicadores en toda la economía: transporte, logística portuaria, comercio local y servicios asociados. El Ministerio de la Producción ya ha comenzado a monitorear la biomasa disponible con mayor frecuencia, pero las decisiones sobre vedas y cuotas seguirán siendo políticamente complejas en un contexto de presión económica.

El cambio climático añade una capa adicional de complejidad a este análisis. Los científicos advierten que los eventos de El Niño podrían volverse más frecuentes e intensos a medida que el calentamiento global eleva la temperatura base de los océanos. Esto significa que los períodos de recuperación entre un evento y otro serán más cortos, dificultando que los ecosistemas marinos y las industrias pesqueras se regeneren plenamente. Para Perú, que ha construido parte importante de su identidad productiva alrededor del mar, esta tendencia representa un desafío estructural que exige políticas de largo plazo y no solo respuestas de emergencia.

Frente a este panorama, expertos en oceanografía y política pesquera coinciden en que la adaptación es inevitable. Diversificar las especies objetivo, invertir en acuicultura sostenible, fortalecer los sistemas de monitoreo oceánico en tiempo real y apoyar a las comunidades pesqueras más vulnerables son medidas que ya no pueden postergarse. El mar peruano seguirá siendo uno de los más ricos del mundo, pero solo si se gestiona con la visión y la urgencia que el momento histórico demanda.