Meta es demandada por despidos con IA discriminatoria

Un grupo de extrabajadores de Meta lleva a la empresa a los tribunales alegando que algoritmos de inteligencia artificial fueron usados para seleccionar quién perdería su empleo de forma discriminatoria. El caso abre un debate global que ya toca las puertas del mercado laboral peruano.

Meta es demandada por despidos con IA discriminatoria

Cuando la IA decide quién pierde el trabajo: el escándalo que sacude a Meta

Un grupo de extrabajadores de Meta —la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp— ha presentado una demanda judicial en Estados Unidos alegando que los masivos despidos que la compañía ejecutó en los últimos años no fueron producto de decisiones humanas imparciales, sino de sistemas de inteligencia artificial con sesgos discriminatorios. Según los demandantes, estos algoritmos habrían favorecido la salida de empleados pertenecientes a grupos protegidos, como trabajadores mayores, mujeres o personas de determinadas etnias, sin que hubiera una supervisión humana real que corrigiera esas desviaciones.

El caso es especialmente significativo porque Meta no es una empresa cualquiera: es una de las corporaciones tecnológicas más poderosas del mundo, referente en el uso de inteligencia artificial tanto en sus productos como en sus procesos internos. Si una compañía con semejante capacidad técnica y financiera es incapaz de garantizar que sus sistemas de IA sean justos en decisiones tan críticas como los despidos, el problema adquiere una dimensión sistémica que va mucho más allá de Silicon Valley.

Los demandantes sostienen que Meta utilizó herramientas automatizadas para evaluar el rendimiento y la «prescindibilidad» de sus empleados durante las rondas de recortes conocidas como el «Año de la Eficiencia», en las que la empresa eliminó más de 21,000 puestos de trabajo entre 2022 y 2023. La acusación central es que estos sistemas reproducen y amplifican prejuicios históricos presentes en los datos con los que fueron entrenados, penalizando a ciertos perfiles sin criterios objetivos ni transparentes.

El problema de los sesgos algorítmicos en decisiones laborales

Este caso visibiliza uno de los riesgos más debatidos en el campo de la ética de la inteligencia artificial: el sesgo algorítmico. Cuando una IA es entrenada con datos históricos que reflejan inequidades pasadas —por ejemplo, evaluaciones de desempeño que sistemáticamente calificaban peor a mujeres o a empleados mayores—, el sistema aprende a replicar esas inequidades como si fueran normas válidas. El resultado es discriminación automatizada, difícil de detectar y aún más difícil de impugnar legalmente.

Lo más preocupante es la opacidad de estos procesos. A diferencia de un jefe que toma una decisión injusta y puede ser confrontado directamente, un algoritmo opera como una caja negra. Los afectados no saben con certeza qué variables determinaron su despido, lo que hace extremadamente complejo construir una defensa legal o incluso entender qué ocurrió. Esta asimetría de información es uno de los grandes peligros que los expertos en regulación tecnológica llevan años advirtiendo.

¿Qué significa esto para el mercado laboral peruano?

Aunque la demanda se desarrolla en suelo estadounidense, sus implicancias llegan a países como Perú, donde la adopción de herramientas de inteligencia artificial en recursos humanos está creciendo aceleradamente. Empresas de sectores como banca, retail, telecomunicaciones y minería ya utilizan software de análisis de datos para procesos de selección, evaluación de desempeño y, en algunos casos, planificación de reestructuraciones. Sin embargo, la legislación laboral peruana aún no contempla marcos específicos para regular el uso de IA en decisiones de empleo.

La Ley de Productividad y Competitividad Laboral y la normativa del Ministerio de Trabajo no fueron diseñadas pensando en escenarios donde un algoritmo puede determinar quién conserva su puesto. Esto deja a los trabajadores peruanos en una situación de alta vulnerabilidad frente a posibles sesgos tecnológicos, sin herramientas legales claras para reclamar si consideran que fueron afectados injustamente por un sistema automatizado.

El caso Meta debería ser una señal de alerta para el regulador peruano, las centrales sindicales y las propias empresas. Incorporar IA en la gestión del talento no es malo en sí mismo, pero hacerlo sin auditorías de sesgo, sin transparencia algorítmica y sin mecanismos de apelación humana es una práctica que puede generar responsabilidades legales y daños reputacionales graves, además de profundas injusticias para los trabajadores afectados.

Puntos clave que todo empleado y empleador debe conocer

Primero, la automatización de decisiones laborales no elimina la responsabilidad legal del empleador: si un algoritmo discrimina, la empresa responde. Segundo, los trabajadores tienen derecho a conocer los criterios que determinan su evaluación y eventual desvinculación. Tercero, la transparencia algorítmica no es un lujo técnico, sino una exigencia ética y, en muchos países, pronto será una obligación legal. El caso Meta podría convertirse en un precedente jurídico de alcance global que obligue a repensar cómo se usa la IA en los recursos humanos, también en América Latina.