El giro de 180° de Sam Altman sobre la IA y el empleo
Sam Altman, CEO de OpenAI y uno de los rostros más reconocidos de la revolución de la inteligencia artificial, ha dado un giro notable en su discurso público. Donde antes advertía sobre la posibilidad de disrupciones laborales masivas causadas por sistemas como ChatGPT, ahora afirma estar 'bastante seguro' de que la IA será, en términos netos, una tecnología creadora de empleo. Este cambio de postura no es un detalle menor: Altman lidera la empresa que más ha acelerado la adopción global de IA generativa, y sus palabras tienen peso tanto en Silicon Valley como en los mercados financieros y las políticas públicas de todo el mundo.
El contexto de este giro es relevante. Durante años, economistas, tecnólogos y líderes empresariales debatieron si la automatización inteligente seguiría el patrón histórico de la tecnología —que destruye ciertos empleos pero crea otros nuevos— o si esta vez sería diferente, dado que la IA amenaza no solo tareas manuales repetitivas, sino también trabajos cognitivos y creativos de alta calificación. Altman mismo había alimentado el temor al señalar que profesiones como la programación, el derecho, la medicina o el periodismo podrían ver reducciones significativas de personal. Ahora, su narrativa apunta en dirección contraria, aunque sin ofrecer datos concretos ni un marco económico sólido que respalde su optimismo.
¿Qué dice la evidencia real sobre IA y empleo?
La realidad, como suele ocurrir, es más compleja que cualquiera de los dos extremos. Estudios recientes del Fondo Monetario Internacional y de instituciones como McKinsey Global Institute sugieren que la IA afectará aproximadamente el 40% de los empleos a nivel mundial, pero que el impacto será diferenciado: en economías avanzadas el riesgo de sustitución es mayor, mientras que en economías emergentes la automatización podría complementar tareas más que reemplazarlas, al menos en el corto plazo. También hay evidencia de que sectores como el desarrollo de software, el marketing digital y el análisis de datos están creando nuevos roles directamente vinculados al uso y supervisión de herramientas de IA. Sin embargo, estos empleos emergentes suelen requerir habilidades técnicas que no todos los trabajadores desplazados poseen, generando lo que los economistas llaman una 'brecha de transición'.
El impacto en el mercado laboral peruano
Para el Perú, este debate tiene implicancias muy concretas. El mercado laboral peruano se caracteriza por una alta informalidad —que supera el 70% según el INEI— y una economía en la que sectores como la minería, la agricultura, el comercio minorista y los servicios dominan la estructura del empleo. En este contexto, la amenaza inmediata de la IA no es idéntica a la de países con mayor digitalización. Sin embargo, los sectores formales y urbanos sí están comenzando a sentir presión: estudios de contabilidad, estudios jurídicos, agencias de publicidad, centros de atención al cliente (BPO) y áreas administrativas de empresas medianas y grandes ya están evaluando cómo incorporar herramientas de IA para reducir costos operativos.
Lima concentra la mayor parte del empleo formal y tecnológico del país, y es ahí donde el impacto se sentirá primero. Profesiones como el diseño gráfico, la redacción de contenidos, la traducción, la contabilidad básica y el soporte técnico de primer nivel son especialmente vulnerables a la automatización parcial. Al mismo tiempo, el Perú tiene una oportunidad real si invierte en formación técnica orientada a IA: roles como prompting specialist, analista de datos con IA, supervisor de modelos de lenguaje o integrador de soluciones de automatización son perfiles con alta demanda global y baja oferta local.
¿Optimismo interesado o visión genuina?
Resulta legítimo preguntarse si el optimismo de Altman responde a una convicción intelectual honesta o a una necesidad estratégica. OpenAI enfrenta creciente escrutinio regulatorio en Europa y Estados Unidos, y una narrativa de 'la IA destruye empleos' complica enormemente su relación con gobiernos, sindicatos y la opinión pública. Presentarse como una fuerza creadora de prosperidad económica es, también, una jugada de relaciones públicas. Independientemente de las motivaciones, lo que sí es claro es que los países y trabajadores que lleguen mejor preparados —con habilidades adaptables, acceso a educación tecnológica y marcos regulatorios inteligentes— serán los que aprovechen las oportunidades que la IA abre, en lugar de cargar con sus costos.